ganando la liga juvenil femenil capitulo 2
capitulo 2 uniendose el equipo de futbol femenil
Sentada a la mesa, José María intentaba concentrarse en el
cereal, pero cada movimiento era una experiencia nueva y desconcertante. Al
inclinarse hacia adelante para tomar la jarra de jugo, sintió el peso de sus
pechos balanceándose y presionando contra la mesa; era una sensación de
gravedad completamente distinta a la que estaba acostumbrado. Incluso su centro
de gravedad había cambiado: sentía que su equilibrio dependía ahora más de sus
caderas que de su torso.
Por un momento, un pensamiento absurdo cruzó su mente:
*"¿Y si mis papás de repente se dan cuenta de que su hijo ahora tiene
tetas y coño?"*. Se le erizó la piel al imaginar la escena, pero al
levantar la vista, se encontró con una normalidad absoluta.
¿Dormiste bien,
cariño? Te ves un poco distraída hoy
dijo su madre mientras le servía un poco más de fruta.
El trato era sutil, pero real. Ya no era el "hijo
rebelde" o el "chico travieso"; ahora el tono era más suave, más
protector. Su padre, en lugar de darle un golpe amistoso en el hombro como
solía hacer, le dedicó una sonrisa cálida mientras leía el periódico.
No te olvides de
que hoy tienes ese examen de historia le
recordó su padre sin levantar la vista . No dejes que los nervios te
traicionen, María José.
*María José.* El nombre sonaba tan natural en la boca de
sus padres que le causaba un cortocircuito mental. Todo era igual y diferente
al mismo tiempo: las conversaciones sobre la escuela, las tareas pendientes y
los planes del fin de semana seguían ahí, pero el matiz había cambiado. Ya no
se le hablaba con la brusquedad casual de un hombre a otro; ahora había una
delicadeza implícita en las palabras.
*"Es como si el mundo entero hubiera reescrito el
guion y yo fuera la única que tiene el libreto viejo"*, pensó mientras
masticaba lentamente, sintiendo cómo la falda corta le rozaba los muslos cada
vez que cruzaba las piernas.
A pesar de la extrañeza, José María empezó a asimilar la
situación. Si el mundo la trataba como una hija, ella jugaría el papel de la
hija perfecta... al menos hasta que pudiera meter ese gol decisivo y recuperar
su vida de conquistador. Pero mientras terminaba su desayuno, una pregunta lo
asaltó: ¿Cómo reaccionarían sus amigos? ¿Especialmente Omar? ¿Y qué pasaría
cuando llegara al entrenamiento y viera al entrenador?
se levantó de la mesa y recogió su plato, sintiendo la
mirada de sus padres sobre ella. Sabía que el desafío más grande no sería solo
adaptarse a su nuevo cuerpo, sino navegar por la escuela con esa apariencia tan
llamativa que ahora poseía. Si antes era el tipo popular y mujeriego, ahora
corría el riesgo de convertirse en el blanco de todas las miradas y deseos de
la escuela.
"Bueno, ya me voy. ¡Suerte en el trabajo, papá! ¡Te
quiero, mamá!", exclamó mientras se colgaba la mochila al hombro. Al
moverse, sintió cómo el rebote de sus pechos le recordaba su nueva condición
con cada paso.
Salió de la casa con el corazón acelerado. Al caminar hacia
la parada del autobús, se sentía extrañamente consciente de su propia
sensualidad. La falda corta se movía con sus caderas y el aire fresco le rozaba
los muslos. Se miró en el reflejo de un escaparate y se detuvo un segundo: se
veía increíble, una chica deportista pero con unas curvas que gritaban
atención.
"Si voy a hacer esto, lo voy a hacer bien", pensó
con una determinación feroz. "Entraré al equipo femenil, seré la mejor
jugadora que esa liga haya visto y cuando levante ese trofeo, volveré a ser el
rey de la escuela. Pero por ahora... tendré que aprender a ser la reina".
Sentada a la mesa, José María intentaba concentrarse en el
cereal, pero cada movimiento era una experiencia nueva y desconcertante. Al
inclinarse hacia adelante para tomar la jarra de jugo, sintió el peso de sus
pechos balanceándose y presionando contra la mesa; era una sensación de
gravedad completamente distinta a la que estaba acostumbrado. Incluso su centro
de gravedad había cambiado: sentía que su equilibrio dependía ahora más de sus
caderas que de su torso.
Por un momento, un pensamiento absurdo cruzó su mente:
*"¿Y si mis papás de repente se dan cuenta de que su hijo ahora tiene
tetas y coño?"*. Se le erizó la piel al imaginar la escena, pero al
levantar la vista, se encontró con una normalidad absoluta.
¿Dormiste bien,
cariño? Te ves un poco distraída hoy
dijo su madre mientras le servía un poco más de fruta.
El trato era sutil, pero real. Ya no era el "hijo
rebelde" o el "chico travieso"; ahora el tono era más suave, más
protector. Su padre, en lugar de darle un golpe amistoso en el hombro como
solía hacer, le dedicó una sonrisa cálida mientras leía el periódico.
No te olvides de
que hoy tienes ese examen de historia le
recordó su padre sin levantar la vista . No dejes que los nervios te
traicionen, María José.
*María José.* El nombre sonaba tan natural en la boca de
sus padres que le causaba un cortocircuito mental. Todo era igual y diferente
al mismo tiempo: las conversaciones sobre la escuela, las tareas pendientes y
los planes del fin de semana seguían ahí, pero el matiz había cambiado. Ya no se
le hablaba con la brusquedad casual de un hombre a otro; ahora había una
delicadeza implícita en las palabras.
*"Es como si el mundo entero hubiera reescrito el
guion y yo fuera la única que tiene el libreto viejo"*, pensó mientras
masticaba lentamente, sintiendo cómo la falda corta le rozaba los muslos cada
vez que cruzaba las piernas.
A pesar de la extrañeza, José María empezó a asimilar la
situación. Si el mundo la trataba como una hija, ella jugaría el papel de la
hija perfecta... al menos hasta que pudiera meter ese gol decisivo y recuperar
su vida de conquistador. Pero mientras terminaba su desayuno, una pregunta lo
asaltó: ¿Cómo reaccionarían sus amigos? ¿Especialmente Omar? ¿Y qué pasaría
cuando llegara al entrenamiento y viera al entrenador?
se levantó de la mesa y recogió su plato, sintiendo la
mirada de sus padres sobre ella. Sabía que el desafío más grande no sería solo
adaptarse a su nuevo cuerpo, sino navegar por la escuela con esa apariencia tan
llamativa que ahora poseía. Si antes era el tipo popular y mujeriego, ahora
corría el riesgo de convertirse en el blanco de todas las miradas y deseos de
la escuela.
"Bueno, ya me voy. ¡Suerte en el trabajo, papá! ¡Te
quiero, mamá!", exclamó mientras se colgaba la mochila al hombro. Al
moverse, sintió cómo el rebote de sus pechos le recordaba su nueva condición
con cada paso.
Salió de la casa con el corazón acelerado. Al caminar hacia
la parada del autobús, se sentía extrañamente consciente de su propia
sensualidad. La falda corta se movía con sus caderas y el aire fresco le rozaba
los muslos. Se miró en el reflejo de un escaparate y se detuvo un segundo: se
veía increíble, una chica deportista pero con unas curvas que gritaban
atención.
"Si voy a hacer esto, lo voy a hacer bien", pensó
con una determinación feroz. "Entraré al equipo femenil, seré la mejor
jugadora que esa liga haya visto y cuando levante ese trofeo, volveré a ser el
rey de la escuela. Pero por ahora... tendré que aprender a ser la reina".
María José se sacudió la idea de tener que actuar como una
princesa delicada. *"Al carajo con las formalidades"*, pensó con una
chispa de su antigua rebeldía. *"Es solo Omar. Si trato de ser una chica
súper coqueta y distante, voy a terminar sola. Necesito un aliado, alguien con
quien pueda hablar de estupideces y jugar videojuegos sin que parezca que estoy
buscando una cita"*.
Se dio cuenta de que, aunque su cuerpo ahora era una
tentación andante, su mente seguía siendo la de un tipo que sabía exactamente
cómo funcionaban los hombres. Sabía que Omar iba a mirarla; era inevitable. Si
él tuviera un cuerpo de pornostar, María José también le habría echado el ojo
sin pensarlo dos veces. Así que decidió ignorar las miradas furtivas que el
chico le lanzaba hacia su escote y sus caderas.
¡Relájate, Omar! No
muerdo... todavía dijo ella con una
risita juguetona, pero con ese tono de confianza que antes usaba con sus
amigos. No era una risita tímida de chica inocente, era la risa de alguien que
se sabe dueña de la situación.
Omar parpadeó varias veces, todavía un poco aturdido por la
combinación de la voz tan dulce de María José y la seguridad casi arrogante con
la que le hablaba. Le resultaba extrañamente familiar su forma de hablar,
aunque no lograba entender por qué.
Ah... sí, claro. Es
que... bueno, es que eres... eh... Omar
se interrumpió antes de cometer el error de decir "estás buena",
sintiendo que si decía eso, probablemente terminaría en la oficina del director
o ignorado por completo.
¿Que soy qué? ¿Muy
guapa? Ya lo sé, no hace falta que lo digas
le soltó ella con una sonrisa presumida, recuperando ese toque
narcisista que la caracterizaba. No era una chica humilde, y en su nueva
realidad, esa actitud de "chica popular y segura" encajaba
perfectamente con su físico.
Omar soltó una risita nerviosa, sintiéndose extrañamente
cómodo ante esa falta de timidez.
Bueno, sí, supongo
que sí admitió él, rascándose la nuca .
Pero bueno, ¿viste lo de la clase de historia? El profesor dijo que el examen
va a estar pesadísimo.
Ni me lo digas respondió María José, retomando el ritmo de
la conversación como si fueran amigos de toda la vida . Es un idiota. Pero
bueno, hay que sobrevivir. ¿Qué clase tienes ahora?
Empezaron a caminar por los pasillos de la escuela mientras
hablaban de los profesores y las tareas. María José notaba cómo los demás
estudiantes se apartaban un poco o se quedaban mirando mientras pasaba; su
presencia era magnética. Sentía el peso de su busto balanceándose ligeramente
con cada paso y la fricción de la falda en sus muslos, pero se concentró en
mantener la charla normal.
*"Esto es más fácil de lo que pensaba"*, razonó
mientras caminaba al lado de Omar. *"Si trato a la gente como antes, pero
con este cuerpo, voy a tener el control total. Omar es mi punto de apoyo por
ahora. Y después de clase... después de clase tengo que ir a ver al
entrenador"*.
Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en el
entrenador pervertido. Sabía que su plan de unirse al equipo femenil iba a
requerir que pusiera en práctica todo lo que sabía sobre seducción y
manipulación, pero por ahora, simplemente disfrutar de la compañía de alguien
que no la miraba como si fuera una diosa inalcanzable, sino como una compañera
más pero sin dejar de verle a las tetas y no a los ojos la mitad del tiempo.
María José se sacudió la idea de tener que actuar como una
princesa delicada. *"Al carajo con las formalidades"*, pensó con una
chispa de su antigua rebeldía. *"Es solo Omar. Si trato de ser una chica
súper coqueta y distante, voy a terminar sola. Necesito un aliado, alguien con
quien pueda hablar de estupideces y jugar videojuegos sin que parezca que estoy
buscando una cita"*.
Se dio cuenta de que, aunque su cuerpo ahora era una
tentación andante, su mente seguía siendo la de un tipo que sabía exactamente
cómo funcionaban los hombres. Sabía que Omar iba a mirarla; era inevitable. Si
él tuviera un cuerpo de pornostar, María José también le habría echado el ojo
sin pensarlo dos veces. Así que decidió ignorar las miradas furtivas que el
chico le lanzaba hacia su escote y sus caderas.
¡Relájate, Omar! No
muerdo... todavía dijo ella con una
risita juguetona, pero con ese tono de confianza que antes usaba con sus
amigos. No era una risita tímida de chica inocente, era la risa de alguien que
se sabe dueña de la situación.
Omar parpadeó varias veces, todavía un poco aturdido por la
combinación de la voz tan dulce de María José y la seguridad casi arrogante con
la que le hablaba. Le resultaba extrañamente familiar su forma de hablar,
aunque no lograba entender por qué.
Ah... sí, claro. Es
que... bueno, es que eres... eh... Omar
se interrumpió antes de cometer el error de decir "estás buena",
sintiendo que si decía eso, probablemente terminaría en la oficina del director
o ignorado por completo.
¿Que soy qué? ¿Muy
guapa? Ya lo sé, no hace falta que lo digas
le soltó ella con una sonrisa presumida, recuperando ese toque
narcisista que la caracterizaba. No era una chica humilde, y en su nueva
realidad, esa actitud de "chica popular y segura" encajaba
perfectamente con su físico.
Omar soltó una risita nerviosa, sintiéndose extrañamente
cómodo ante esa falta de timidez.
Bueno, sí, supongo
que sí admitió él, rascándose la nuca .
Pero bueno, ¿viste lo de la clase de historia? El profesor dijo que el examen
va a estar pesadísimo.
Ni me lo digas respondió María José, retomando el ritmo de
la conversación como si fueran amigos de toda la vida . Es un idiota. Pero
bueno, hay que sobrevivir. ¿Qué clase tienes ahora?
Empezaron a caminar por los pasillos de la escuela mientras
hablaban de los profesores y las tareas. María José notaba cómo los demás
estudiantes se apartaban un poco o se quedaban mirando mientras pasaba; su
presencia era magnética. Sentía el peso de su busto balanceándose ligeramente
con cada paso y la fricción de la falda en sus muslos, pero se concentró en
mantener la charla normal.
*"Esto es más fácil de lo que pensaba"*, razonó
mientras caminaba al lado de Omar. *"Si trato a la gente como antes, pero
con este cuerpo, voy a tener el control total. Omar es mi punto de apoyo por
ahora. Y después de clase... después de clase tengo que ir a ver al
entrenador"*.
Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en el
entrenador pervertido. Sabía que su plan de unirse al equipo femenil iba a
requerir que pusiera en práctica todo lo que sabía sobre seducción y
manipulación, pero por ahora, simplemente disfrutar de la compañía de alguien
que no la miraba como si fuera una diosa inalcanzable, sino como una compañera
más.
Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en el
entrenador pervertido. Sabía que su plan de unirse al equipo femenil iba a
requerir que pusiera en práctica todo lo que sabía sobre seducción y
manipulación, pero por ahora, simplemente disfrutar de la compañía de alguien
que no la miraba como si fuera una diosa inalcanzable, sino como una compañera
más.
Se detuvieron frente al casillero de Omar. Ella notó que el
chico no podía evitar que su mirada bajara un segundo más de lo debido hacia el
escote de su blusa cada vez que ella se agachaba para acomodar sus libros.
María José soltó una risita interna; era tan predecible.
Oye, Omar dijo ella, apoyándose contra los casilleros
con una pose que, sin quererlo, acentuaba sus curvas de forma provocativa ,
después de clase tengo que ir a hablar con el entrenador. Quiero ver si puedo
entrar al equipo de fútbol.
Omar la miró con los ojos como platos.
¿Al equipo femenil?
Pero María José, tú eres... bueno, eres una chica. Y el entrenador es un tipo
un poco... raro. Dicen que es un depravado.
María José rodó los ojos, sintiendo esa chispa de
arrogancia que nunca la abandonaba.
Ya lo sé. Pero
necesito jugar, y si tengo que lidiar con un viejo pervertido para conseguirlo,
pues que así sea. Al final del día, todos tienen un precio o una debilidad, ¿no
crees? le guiñó un ojo, dándole un toque
de complicidad que dejó al pobre Omar tartamudeando.
Yo... yo supongo.
Pero ten cuidado, ¿vale? logró decir él
antes de que sonara el timbre.
No te preocupes por
mí respondió ella mientras se alejaba
con un contoneo de caderas natural pero letal . no soy una flor delicada.
Mientras caminaba hacia su siguiente clase, su mente ya
estaba en el campo de entrenamiento. Sabía que su cuerpo era su mejor arma
ahora. Si el entrenador quería ver una chica hermosa y dócil, ella le daría la
imagen, pero mantendría la mentalidad de un competidor feroz. "Prepárate,
entrenador", pensó con una sonrisa maliciosa, "porque no tienes idea
de la clase de jugadora que te acaba de caer encima".
Las clases habían sido una tortura de distracciones. Cada
vez que María José se levantaba para pasar al pizarrón a resolver una ecuación
de álgebra, sentía el silencio pesado y las miradas clavadas en su retaguardia.
Sabía perfectamente que, mientras ella escribía números, media clase estaba
concentrada en cómo se tensaba la tela de su falda sobre sus nalgas. *"Si
supieran que soy el ex capitán del equipo, se mueren"*, pensó con una
sonrisa cínica mientras se sentaba de nuevo, sintiendo el roce de sus muslos.
El recreo fue una experiencia surrealista. Se encontró con
su nuevo "grupito" de amigas. Al principio le pareció extraño ver las
caras de dos chicas que antes eran sus conquistas: la chica de caderas anchas y
la otra, de busto considerable pero rasgos menos finos. Ahora, ellas la miraban
con una mezcla de admiración y una envidia mal disimulada. María José se sentía
superior; comparado con su nuevo cuerpo, ellas parecían modestas, hablablan de las
clases y esa era la parte fácil de seguir pero luego hablaron cosas mas de
chicas
¡Ay, María José!
Tienes que decirme qué crema usas, tu piel es perfecta le dijo la chica de cara más tosca mientras
intentaba ignorar que el escote de María José le robaba todo el protagonismo.
Es genética,
preciosa respondió ella con una
naturalidad que le salía del alma, adoptando ese tono de chica popular que
tanto le gustaba usar antes.
La charla derivó en chismes de cantantes y qué chicos de la
escuela eran los más guapos. María José se sentía fuera de lugar pero también
en control; escuchaba sus dramas femeninos con una perspectiva que ninguna de
ellas poseía: la de un ex macho que sabía exactamente qué pretendían esas
chicas con sus comentarios.
Pero el momento de la verdad llegó al final de la jornada.
Caminó hacia el campo de fútbol con el corazón latiendo con
fuerza, pero no de miedo, sino de anticipación. El sol de la tarde caía sobre
el pasto verde y el sonido de los balones golpeando el suelo llenaba el aire.
Al llegar a la banda, vio al entrenador: un hombre de unos 45 años, con la
playera del equipo algo ajustada y una mirada que recorría el campo con una
intensidad que no era precisamente técnica.
El entrenador se detuvo cuando la vio acercarse. Sus ojos
no se quedaron en su cara; bajaron lentamente por su torso, se detuvieron en la
curva de sus caderas y volvieron a sus ojos con una sonrisa ladeada y
depredadora.
Vaya, vaya... ¿Y tú
quién eres? preguntó el entrenador,
cruzándose de brazos y dejando que su mirada volviera a escanear el busto de
María José . No te había visto por aquí, preciosa.
María José se detuvo frente a él, plantando sus pies con la
firmeza de un futbolista y arqueando ligeramente la espalda, un movimiento que
hizo que sus pechos se proyectaran hacia adelante de manera inevitable. Sabía
que estaba cayendo en su juego, pero era un juego que ella estaba dispuesta a
ganar.
Soy María José dijo con una voz suave pero cargada de una
confianza que descolocó al hombre . Y vengo porque quiero unirme al equipo
femenil. Sé que soy nueva, pero sé jugar.
El entrenador soltó una risita ronca, acercándose un paso
más de lo necesario, invadiendo su espacio personal. El olor a sudor y tabaco
de él la rodeó.
¿Quieres jugar? repitió él, bajando la voz mientras su mirada
se clavaba en el escote de la blusa de María José . El equipo es muy exigente,
cariño. No cualquiera entra aquí solo por tener una cara bonita y un cuerpo...
llamativo.
María José sostuvo la mirada, sintiendo cómo su instinto de
mujeriego se mezclaba con su necesidad de recuperar su vida. Sabía que el tipo
era un depravado, pero también sabía que un hombre así era fácil de manejar.
No busco entrar por
mi cara, entrenador dijo ella, bajando
un poco el tono de voz, volviéndose más sugerente mientras se acercaba un
centímetro más a él . Busco entrar porque soy la mejor jugadora que va a pisar
este campo. Pero si necesita... una motivación extra para darme el pase,
podemos hablarlo en privado.
El entrenador tragó saliva visiblemente. El desafío y la
promesa en sus ojos lo dejaron descolocado. La tensión sexual en el aire era
casi palpable.
¿Ah, sí? ¿En
privado? murmuró él, con una chispa de
lujuria descontrolada en los ojos . Bueno... tal vez después del entrenamiento
podamos discutir tus "habilidades" en mi oficina. Si logras
convencerme de que tienes el talento para estar aquí, tal vez te dé una
oportunidad.
María José sonrió internamente. El trato estaba implícito.
La maldición la había convertido en mujer, pero su astucia la convertiría en la
capitana del equipo.
María José se preparó mentalmente para el inevitable
intercambio. Sabía que el entrenador Gregorio era del tipo que no pedía
permiso, sino que esperaba que la chica le facilitara el trabajo. *"Un
empujoncito de pechos, un beso rápido y aguantar las náuseas de besar a un tipo
gordo y sudado"*, pensó con una mezcla de asco y pragmatismo. *"Es un
mal necesario para recuperar mi vida"*, se dijo a sí misma, tratando de
separar su identidad de su nueva anatomía.
Las pruebas en el campo fueron un reto físico inesperado.
Al intentar arrancar en un sprint, el balance de su cuerpo la traicionó; el
peso de sus pechos tiró de su torso hacia adelante y casi pierde el equilibrio
en su primer cambio de dirección. Tuvo que aprender, en cuestión de minutos, a
compensar ese nuevo centro de gravedad.
Sin embargo, su instinto de futbolista era intacto. A pesar
de la extraña sensación de rebote en cada zancada, María José empezó a dominar
el balón con la misma agresividad con la que antes lo hacía como hombre.
Recordó los entrenamientos con sus antiguos compinches, la forma en que se
soltaba, la forma en que dominaba el balón con la rodilla o el pecho, mas era
cuando hacia el tonto con su amigos, como reto solian ponerse una mochila llena
de libros en la espalda o un libro en la cabeza y ver cuando tiempo rebotaban
el balón antes que se caiga el libro o el balon
Lo que sí le sorprendió es que su cuerpo en esta realidad
era una máquina de seducción deportiva. Su versión femenina no era solo una
cara bonita; gracias a las sentadillas y al entrenamiento constante de su
"otro yo", tenía unas piernas tonificadas y un trasero que era
imposible de ignorar. Cada vez que se agachaba para recoger un balón o se
preparaba para un remate, el movimiento de sus caderas y el rebote de su
retaguardia dejaban al entrenador y a un par de jugadoras más con la boca
abierta y mas aun a algún chico en las gradas que venia a verlas jugar
*"Vaya, al menos este cuerpo tiene buena base"*,
pensó mientras recuperaba el aliento, sintiendo cómo el sudor le corría por el
escote, haciendo que la tela de su playera se pegara a su piel de forma muy
reveladora.
Al terminar la sesión de pruebas, María José estaba
exhausta pero satisfecha. Había demostrado que no era solo carne; tenía
técnica. Se acercó al entrenador Gregorio, quien la observaba desde la banda
con una mirada que ya no era solo de curiosidad, sino de pura anticipación.
Ella se acercó lentamente, dejando que el sudor le diera un
brillo provocativo en la piel. Se detuvo frente a él, jadeando un poco por el
esfuerzo, lo que hacía que su pecho subiera y bajara de forma rítmica y pesada,
atrayendo la vista de Gregorio inevitablemente hacia su escote.
Bueno,
entrenador... dijo ella con voz un poco
entrecortada por la fatiga, pero manteniendo ese tono juguetón y desafiante .
Ya vio que no solo tengo... "atributos". ¿Qué dice? ¿Me da el
uniforme o tengo que convencerlo de otra manera?
Gregorio soltó un gruñido bajo, una mezcla de deseo y
autoridad. Se acercó tanto que María José pudo sentir el calor de su cuerpo.
Tienes talento, te
lo concedo murmuró él, bajando la mirada
hacia el pecho de ella mientras su mano se acercaba peligrosamente a su cintura
. Pero las reglas de este equipo son estrictas... y mi oficina está cerrada
ahora mismo. Ven conmigo. Tenemos que discutir los detalles de tu...
"integración".
María José asintió con una sonrisa cínica. Sabía que el
momento de la "negociación" había llegado. Caminó hacia la oficina
del entrenador con un contoneo de caderas que sabía que lo estaba volviendo
loco, preparándose para cumplir con el trato y asegurar su lugar en el equipo,
creyo que con unos fajes bastaba, y normalmente es asi con chicas mas o menso
guapas pero con las mas guapas y se ve que las chicas tan dispuestas a lo que
sea va mas alla
María José entró en la oficina con la mente fría pero el
cuerpo en alerta. Sabía exactamente qué movimientos hacer; había pasado años
observando cómo las chicas que le gustaban movían el cabello o cómo arqueaban
la espalda para llamar la atención. Ahora, usar ese arsenal era como usar un viejo
truco de magia que ya se sabía de memoria.
Cuando Gregorio se acercó y sus manos, gruesas y sudorosas,
se cerraron sobre sus nalgas, María José sintió una sacudida eléctrica. No era
solo la sensación física; era una confusión biológica abrumadora. Su mente
todavía pensaba como un tipo de 18 años, un semental que no se asustaba por
nada, pero su nuevo cuerpo reaccionó con una intensidad que la descolocó.
Sentía un calor extraño en el vientre, una humedad que no era solo sudor.
*"Es solo la adrenalina del ejercicio y el calor de este gordo"*, se
mintió a sí misma con rapidez, tratando de racionalizar esa excitación que su
mente masculina no lograba procesar como algo natural. Al final del día, como
un viejo le decía en las parrandas: *"Si la chica es fea pero te gusta, no
te quejes del paisaje"*.
Gregorio no perdió el tiempo. Su voz sonaba ronca, cargada
de una urgencia que no dejaba lugar a dudas.
Nada mal... pero si
quieres tu puesto asegurado ya sabes lo que tienes que hacer dijo el entrenador, apretando con más fuerza
sus glúteos . Quiero probar ese culazo.
María José soltó un suspiro largo, una mezcla de
resignación y determinación. Miró hacia la ventana de la oficina, asegurándose
de que nadie estuviera mirando, y luego se giró hacia el escritorio. La meta
estaba clara: ganar la liga, volver a ser hombre, y este era el peaje.
Bien... me voy a
empinar dijo con una voz que intentó
sonar casual, aunque su corazón martilleaba contra sus costillas.
Se apoyó con las manos en el borde del escritorio de
madera, sintiendo la superficie fría bajo sus palmas. Con un movimiento
decidido y sin mirarlo directamente, se bajó los shorts deportivos, dejando al
descubierto su retaguardia tonificada y prominente, ese resultado de años de
sentadillas que ahora era su mayor herramienta de negociación. Se arqueó hacia
atrás, empujando sus caderas hacia el entrenador en una pose de sumisión
provocativa que haría que cualquier hombre perdiera el juicio.
*"Todo sea por una meta, carajo"*, pensó mientras
sentía la respiración pesada de Gregorio justo detrás de ella. El trato estaba
sellado; ahora solo quedaba cumplir la parte difícil.
Sintió el aliento caliente de Gregorio en su nuca y el roce
de las manos del hombre recorriendo la piel de sus muslos. La sensación era
abrumadora; su cerebro de hombre intentaba desconectarse, visualizándose como
un espectador externo, pero su nuevo cuerpo femenino estaba reaccionando con
una intensidad que la asustaba. Cada caricia del entrenador enviaba una oleada
de calor que se concentraba en su pelvis, una respuesta biológica que su mente
se negaba a aceptar como placer.
Así me gusta... una
chica que sabe lo que quiere gruñó
Gregorio mientras se desabrochaba el cinturón con una urgencia torpe.
María José cerró los ojos con fuerza, apretando los dedos
contra la madera del escritorio hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
*"Aguanta, José María. Solo es un trámite. Un partido después de este y
estarás más cerca de la copa"*, se repetía como un mantra mientras sentía
la pesadez del cuerpo del entrenador presionando contra su retaguardia.
El contraste era brutal: el olor a sudor rancio del hombre,
la aspereza de su piel y la falta de delicadeza en sus movimientos chocaban con
la sensibilidad extrema de su nueva anatomía. Sin embargo, en medio de ese asco
mental, su cuerpo la traicionaba, arqueándose más hacia atrás, buscando
involuntariamente el contacto. Era una lucha constante entre su voluntad de
macho alfa y la vulnerabilidad de su nueva forma.
Cuando sintió el primer contacto real, un gemido
involuntario escapó de sus labios. No sabía si era de disgusto o por la extraña
estimulación nerviosa que su cuerpo experimentaba. Se obligó a mantener la
postura, empinada y vulnerable sobre el escritorio, mientras el intercambio
comenzaba en la penumbra de la oficina, sellando su entrada al equipo con el
precio más alto que su orgullo y su
nuevo cuerpo jamás había pagado.
en parte se alegro que al menos en esta posicion no veria
lo que el entrenador gregorio estaba haciendo, maria jose penso, es como cuando
me dan inyecciones el doctor en la nalga, si no veo veo duele menos, el
entrenador tenia un miembro de largo normal pero muy grueso y lo metio en su
coño con un condon, el entrenador decia, tranquila, para que veas que no soy
tan malo, no usare tu ano y usare condon, el hombre empujaba, paso de agarrar sus
caderas a sus nalgotas, maria jose apreta los dientes, no era un coño virgen,
asi que no dolio como pensaba pero aun era asqueroso pero maria jose despues
comenzo a gustarle un poco, recordo la sensacion de su pene, era similar a un
miembro fantasma esa sensacion al sentir un pene alli, se dejo llevar, solo
penso, pues ya que, tengo cuerpo de mujer con deseos de mujer pues ya que estoy
asi puedo disfrutar un poco, es cosa de una vez despues de todo, eso si aun es
culero que este dando el culo al entrenador gregorio por entrar al equipo. el
entrenador empujaba con fuerza, pausado cada embestida con fuerza y se mueve el
escritorio, gemia maria jose un poco, el entrenador disfrutaba esas nalgotas y
ese coño, asi estuvieron unos 15
minutosde estocadas hasta que eyacula, maria jose se corre un poco al sentir el
calor a travez del condon, su orgasmo era diferente, mas largo, era un pequeño
orgasmo femenino y no uno fuerte pero aun asi era mas largo y seco ,no era como su usual orgasmo de
hombre intenso pero corto . al fin termina y se sube los shorts ambos se baja
la blusa de nuevo maria jose, agitados, el obseso entrenador cae en su silla y
le dice que estas dentro, eres increible culona, te doy hasta permisos para
falta a clases con las practicas por la follada que me dista, apretas mejor que
mi esposa, maria jose por costumbre de su vieja realidad le da la mano para
terminar el trato, salio y camino un poco gracioso, no estuvo tan mal pensó
María José salió de la oficina con las piernas sintiéndose
un poco más pesadas de lo normal y una sensación de vacío extraño en el
vientbre. Mientras caminaba por el pasillo de la escuela hacia la salida, su
forma de caminar era un poco errática, un balanceo involuntario provocado por
la fricción y la sensibilidad residual de la zona. *"Mierda, qué forma de
empezar esto"*, pensó mientras se acomodaba los shorts y se pasaba la mano
por el cabello desordenado.
Sin embargo, una parte de su mente la parte que ahora habitaba ese cuerpo de
curvas y hormonas no podía dejar de
procesar lo que acababa de ocurrir. La comparación con su antiguo orgasmo era
lo más desconcertante. Como hombre, era como una explosión: un estallido
intenso, rápido y liberador que te dejaba exhausto en segundos. Pero esto...
esto había sido como una marea. Un oleaje que subía y bajaba, una sensación de
calor que se extendía por todo su torso y se quedaba vibrando en sus muslos por
varios minutos. Era un orgasmo más sutil, más "seco" en términos de
intensidad explosiva, pero mucho más persistente y envolvente.
*"Es una mierda que sea tan diferente"*, se quejó
internamente, aunque no pudo evitar notar que su cuerpo se sentía extrañamente
relajado, casi eufórico.
Al llegar a la calle, el aire fresco de la tarde le ayudó a
despejar la mente. El trato estaba hecho. Tenía el pase libre para el equipo y
hasta permisos especiales. Era un éxito táctico, aunque moralmente fuera un
desastre. Se sentía como un espía en territorio enemigo que acababa de
completar su primera misión secreta.
Mientras caminaba hacia su casa, vio a un grupo de chicos
de su clase pasando en una moto, riendo y gritando. Por un segundo, sintió una
punzada de nostalgia; quería ser uno de ellos, estar en ese grupo, ser el que
las mirara con deseo y no la que era mirada. Pero luego recordó el poder que
ahora tenía. La forma en que los hombres la miraban, la forma en que el
entrenador se había desmoronado por un poco de piel y movimiento; era una clase
de control que nunca había experimentado como hombre.
*"Bueno, si voy a ser una mujer por un tiempo, al
menos seré la mujer más poderosa del campo"*, decidió con una sonrisa
arrogante mientras cruzaba la calle.
Al llegar a su casa, se encerró en el baño y se miró al
espejo. Su rostro estaba un poco sonrojado, sus labios ligeramente hinchados y
sus ojos tenían un brillo diferente. Se tocó las mejillas y suspiró. La
realidad de su situación le golpeó de nuevo: no era un sueño, no era una broma
de Omar. Era su vida ahora.
Se quitó la ropa y se observó el cuerpo en el espejo de
cuerpo completo. Sus pechos, sus caderas anchas, ese culo que había dejado al
entrenador sin aliento. Se sentía extraña, como si estuviera habitando un traje
de gala muy caro y muy sensible.
*"Mañana es entrenamiento"*, pensó mientras se
preparaba para dormir. *"Y mañana tengo que empezar a jugar como si mi
vida dependiera de ello. Porque técnicamente, así es"*.
Se acostó en la cama, sintiendo la suavidad de las sábanas
contra su piel sensible, y por primera vez en el día, dejó que su mente se
apagara, soñando no con goles, sino con la extraña y magnética sensación de ser
el centro de atención de todos los hombres que antes solía ignorar.
palabras del autor
la pornostar del gift se llama "violet mayers" bien es todo por ahora, el proximo capitulo sera probablemente el ultimo pero existe una posibilidad que haya un tercero pero no creo, si quieren que saque hitorias un poco mas seguido pueden hacer donaciones a mi patreon, asi tendra un poco mas de tiempo libre para seguir creando estas historias un poco mas seguido


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